Vanessa nos pregunta las características de la monarquía absoluta. ¡Allá van brevemente!
  Este sistema político predominó en Europa entre los siglos XVI y XVIII. En él, el rey concentraba todos los poderes (ejecutivo, legislativo, judicial). Su poder absoluto se justificaba considerando que le era otorgado por voluntad divina. El monarca nombraba a los magistrados, administraba justicia y dirigía la política exterior. No compartía el poder con ninguno, pero su autoridad estaba restringida por tres tipos de leyes: la ley divina, el derecho natural y las leyes fundamentales del reino. Para ayudarse, el rey estaba auxiliado por unas instituciones que le asesoraban y ejecutaban sus órdenes, que formaban la estructura administrativa.